Después de desayunar y de asegurarse de que Noah también lo hiciera, Jenna lavó toda la vajilla y se encaminó con el niño a la sala de juegos, seguida por Margaret.
—Ve a descansar —dijo Margaret, cuando el niño se encaminó hacia sus juguetes—. Yo no tengo nada que hacer y puedo quedarme con Noah. Duerme un poco.
—Gracias, Margaret, pero no puedo. Tengo que ponerme ya mismo con el almuerzo.
Margaret suspiró y posó una mano sobre el hombro de Jenna.
—No tienes por qué hacerlo todo tú, cariño. Pe