A la mañana siguiente, Jenna se despertó sintiendo una mezcla de confusión, felicidad y tristeza. Lo que había sucedido la noche anterior aún flotaba en su mente, como una espesa neblina.
Rápidamente, miró al otro lado de la cama, comprobando que David ya no estaba allí, a pesar de que, si no recordaba mal, se había quedado dormida entre sus brazos.
Una parte de su ser pedía a gritos que lo perdonara, que le diera una nueva oportunidad. Después de la noche que habían pasado, después de haberse