A la mañana siguiente, Jenna se encontraba sentada en una de las azules sillas del pasillo en el que se encontraba la habitación de su hijo, mirando a los guardias apostados a ambos lados de la puerta, en posición de firmes y con la barbilla en alto, como ya era su costumbre.
Su corazón le latía a toda velocidad mientras sostenía el informe que le había dado el médico minutos antes con una sonrisa, antes de que le informara que Noah ya estaba consciente y que en dos horas podría verlo.
Las pala