«Tu padre no está bien. Vamos de camino al hospital».
Tras leer aquel mensaje, David no pudo evitar maldecir.
Preocupado, se vistió de manera mecánica, tomó las llaves del coche y se dirigió al garaje de la mansión.
Cuando sacó el automóvil de la villa, la noche era fría e, inevitablemente, los cristales del coche se empañaron por su respiración, por lo que se vio obligado a encender la calefacción.
Tras solo cinco minutos de conducción, aparcó en el estacionamiento del hospital, se bajó tan rá