El cuerpo de Markus se cernía sobre Jenna, dispuesto a aprovecharse de ella.
Jenna, desesperada y aterrada, luchaba por zafarse de su agarre. Sin embargo, Markus era demasiado fuerte. Sus manos ásperas aprisionaron hábilmente sus muñecas, inmovilizándola con una facilidad que le resultó sumamente inquietante.
Sin que Jenna pudiera liberarse, Markus se inclinó sobre su cuello con una ferocidad que le causó repulsión. Su aliento caliente y opresivo era una pesadilla hecha realidad.
Ansiosa por