Esa noche, luego de aquella tregua inesperada, Ethan le hizo el amor a Jazmín. El encuentro estuvo cargado de una necesidad imperiosa de sentirse. Tanto ella como él, parecían hambrientos, sedientos de ganas.
Sus cuerpos se amoldaron perfectamente, sus sexos encajaron el uno en el otro con una simetría absurda –como llave a su candado– y sus pieles ardientes, sudorosas, llenas de fluidos, se amalgamaron sinuosamente.
No hubo palabras, solo los sonidos emitidos por sus cuerpos chocando uno c