La luz de la mañana se filtró por las cortinas, iluminando sus cuerpos desnudos, sobre las sábanas arrugadas.
Jazmín estaba acurrucada contra su pecho, con una de sus manos descansando sobre el corazón de Ethan. Él la miraba en silencio, dibujando con la yema de los dedos el contorno de su hombro, la curva suave de su espalda, grabando en su memoria la sensación de tenerla así, tan cerca, tan suya.
—Buenos días… —susurró ella, con la voz aún adormilada.
—Buenos días —respondió él, sonriendo