Jazmín parpadeó, incrédula.
—No puede ser —susurró, con asombro.
Le costaba creer que el mismo hombre gentil y amable que la rescató de morir por una crisis hipotérmica, era el mismo que la había juzgado de manera cruel por no asistir a una entrevista de trabajo.
Sintió un ligero escalofrío que le recorrió la columna y le erizó la piel. Una mezcla de rabia y frustración la invadió. Era absurdo y fuera de toda lógica que se tratase de la misma persona, ese ser insensible que se atrevió a h