—Mira mamá, mi amigo Ethan me prestó su trencito ¡chu, chuuuu!
Alicia sonrió y sus ojos se hicieron cristalinos. Jake desde muy chico, siempre había deseado tener un tren para jugar, pero ella no había podido complacerlo. Un juguete como ese era algo costoso para ella, que apenas dependía de una pensión y de la ayuda que Jane le ofrecía mensualmente.
—Que bueno, mi amor. —dijo acariciando su mejilla con sus dedos— Pero recuerda que debes cuidarlo. Es prestado ¿sabes?
—Sí, yo lo cuidaré. —d