Kath había ido a la revisión con el doctor ese día.
Era la primera vez que acudía sin Will, pero no se sorprendió cuando un chofer enviado por él llegó hasta su casa para llevarla.
«No se olvida de sus hijos», pensó Kath y sintió como el peso de la preocupación que había tenido desde que se marchó comenzaba a desaparecer. Tenía que dejar de desconfiar de William, él no los abandonaría como le sugirió su madre. Sería un buen padre.
Al menos esperaba que no lo hiciera mientras durara el embarazo.