—¡Sí! —gritó y al momento se arrepintió—. ¡No!, levántate, Will. ¿Estás loco? La bigamia está prohibida y te recuerdo que tú vas a casarte con Shirley.
William no se levantó, continuó en la misma postura y sin apartar el precioso anillo. Era hermoso, demasiado bonito para caminar con él puesto por su barrio y no acabar sin un dedo cuando se lo intentaran robar.
—Con la única mujer que voy a casarme es contigo, te amo, Kath. ¿Tú has dejado de amarme? —Él parecía tan vulnerable en aquel momento,