—¿A qué vino ese comportamiento? —le preguntó su esposo apenas entraron en la habitación.
Ella no le habló enseguida, estaba furiosa.
Le dio la espalda y comenzó a buscar ropa para darse una ducha.
«Que ni sueñe que me voy a duchar con él», pensó.
Sentía mucha ira y no era en contra de él. Era por culpa de esa mujer que desde que había llegado no dejaba de intentar metérsele por los ojos a su marido.
Era bonita, tenía que reconocerlo. Muy bonita, con su cabello pelirrojo, sus pecas y esos ojos