A la mañana siguiente del intento que hizo Will para que ella volviera a calentar su cama, todavía continuaba muy enfadada.
—¡¿Qué haces aquí?! —dijo Clarisse a la vez que entraba como un vendaval sin haber llamado antes—. Lo siento, no sabía que estabas aquí.
Kath se asustó por la intromisión y miró a su amiga, con los ojos muy abiertos.
—Uno más así y me matas, ¿dónde debería de estar? Esta es mi habitación, son las siete de la mañana, me acabo de despertar. Anoche no dormí bien.
—Vaya, qué d