La casa de la madre de William era impresionante. Aunque llamarlo casa sería mentir, más bien era una enorme mansión rodeada de jardines.
Kathleen la miró anonadada desde la ventanilla del auto.
—¿Te gusta? —escuchó que le preguntaba Will y ella asintió con rapidez—. Ha pertenecido a la familia por varias generaciones. Nuestro hijo la heredará.
«Nuestro hijo», casi no podía creerlo. Todavía le costaba pensar que aquello era real.
—Es hermosa, Will —murmuró, fascinada.
—No más que tú —le pa