Cuando salieron de la casa de su madre lo hicieron en silencio. William no podía dejar de arrepentirse de haberla llevado hasta allí y haberla expuesto a esa situación en su estado.
Escuchar los sollozos contenidos de Kathleen a su lado y cómo no se atrevía ni a mirarlo le partía el alma. Quería hablar, decir cualquier cosa que la hiciera sentir mejor, pero se sentía perdido.
—Quiero ir a casa —rompió el silencio ella—. Por favor, ¿podrías llevarme?
—Ya casi llegamos, Kath, tranquila. —Sin p