Sebastián estaba de pie junto a la ventana, con la mirada paralizada por la densa espesura de árboles que parecían proteger la casa como antiguos centinelas. Las hojas crujieron afuera, susurrando secretos que él no podía captar.
Tocó su piel áspera que corría por la mitad de su rostro, un marcador permanente de un incidente envuelto en fuego. Su nombre era Omar -o eso le dijeron- pero su reflejo solo devolvió a un extraño con una cicatriz.
—Omar. —la voz de Ammy lo sacó de sus pensamientos. E