El agarre de Sebastián sobre el asa de la maleta era firme, sus nudillos estaban blancos por el esfuerzo de contener una marea de emociones. No había marcha atrás en su decisión.
Bajó por los escalones y se encontró con su madre, estaba frente a él con una especie de expectación esperanzada que sólo hizo que el peso de su decisión lo presionara con más fuerza.
—Sebastián, cariño, esta noche cenaremos en casa de Sara y sus padres. —anunció Jazmín, con voz ligera, casi cantarina. El aroma de su