El corazón de Ava revoloteaba como un pájaro cautivo dentro de su pecho cada vez que Sebastián estaba cerca. Sus días se desarrollaron en una serie de miradas furtivas y toques tiernos, de esos que hablaban más profundamente que las palabras. Eran dos almas silenciosamente entrelazadas, su amor era una promesa tácita que flotaba en el aire a su alrededor, tan palpable como el aroma de las flores primaverales.
Hace un par de días que Sebastián le pidió a Ava que el tratao cambiara por algo real.