Ava, agarró su cuaderno de dibujo con una intensidad que le ponía los nudillos blancos, atravesó las puertas dobles de cristal de Montenegro Company, con su asistente, siguiéndola como una sombra. El área de la moda que tenían ante ellos vibraba con el tipo de caos que hizo que el corazón de Ava se acelerara: una inquietante mezcla de ira y traición.
—¿Puedes creer esto? ¡Estos no son diseños de Zoe! —exclamó una modelo, su voz lo suficientemente aguda como para cortar el ruido.
—Zoe. —era el n