El sol de la mañana pintó el cielo en tonos pastel mientras Ava, con el corazón palpitando como un pájaro enjaulado, se acercaba a la gran residencia Huntington. Había esperado ver a Sara, no tenían la mejor relación como cuñadas, pero ese no era motivo para expresarle su apoyo. Un hijo, era un hijo y perderlo era doloroso para cualquier mujer.
—Sebastián, ¿estás seguro de que no puedes venir? —La voz de Ava tembló levemente, delatando su aprensión.
Él se volvió hacia ella, sus ojos oscuros es