Los dedos de Ava temblaron contra la tela, su último diseño olvidado bajo el peso de la noticia. Lily, siempre un rayo de sol en forma humana, irrumpió en la habitación con su alegría contagiosa que se atenuó tan pronto como vio la expresión abatida de Ava.
—¿Hey, qué pasa? —Preguntó Lily, su voz llena de preocupación mientras dejaba su portapapeles y se acercaba a Ava.
—Es Sara —susurró Ava, su voz apenas por encima del zumbido de las máquinas de coser. —Ella está embarazada.
Los ojos de Lily