Sebastián se demoró en el umbral de la habitación de Ava, su mirada se suavizó al contemplar su tranquilo sueño. La luz de la luna se derramaba sobre sus delicados rasgos, proyectando un brillo sereno sobre ella.
Por un momento, el mundo pareció detenerse, las sombras de su ataque de pánico se desvanecieron en la quietud de la noche. Se acercó a la cama con silenciosa reverencia, como si se acercara a un altar sagrado, y se inclinó para darle un casto beso en la mejilla. El toque fue el susurr