—¡Estoy embarazada! ¡Alejandro y yo estamos esperando!
Una oleada de vítores estalló, resonando a través de los altos techos de la mansión de Huntington, Alejandro estaba a su lado, su sonrisa era un raro atisbo de la pura euforia que normalmente se escondía bajo su fachada profesional.
—¡Felicidades! —Las palabras formaban un coro que armonizaba a su alrededor y giraba en los oídos de Ava como una amarga sinfonía. Observó cómo Sara brillaba bajo el foco de adoración, con una mano apoyada en su