El viento susurraba entre las grietas de las paredes de la antigua bodega, un lugar olvidado por el tiempo y la memoria, donde el polvo cubría cada rincón como un manto de silencio. Las sombras se movían inquietas bajo la tenue luz que se colaba por las ventanas rotas, y el crujido de la madera bajo los pies de Valeria y Alexandre era el único sonido que rompía la quietud.
Alexandre avanzaba con dificultad, cada paso un recordatorio del peso del yeso que envolvía su pie derecho. Apretaba los di