El cementerio estaba envuelto en un silencio sepulcral, solo roto por el crujido ocasional de las hojas secas bajo los pies de Alexandre. La lluvia caía en una suave llovizna, impregnando el aire con un olor a tierra mojada y melancolía. Alexandre se encontraba frente a la tumba de su padre, sus pensamientos un torbellino de emociones encontradas.
—Papá, no sé si estoy haciendo lo correcto —murmuró, sintiendo la fría piedra bajo sus dedos—. Me enseñaste sobre la justicia y la honestidad, pero a