—¡Felicidades! —gritaron al unísono.
El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, bañando el campo de graduación con una cálida luz dorada. Ava y Sebastián observaban con orgullo desde la multitud, sus corazones llenos de emoción y nostalgia. Valentina y Valeria, sus adoradas mellizas, acababan de lanzar sus gorros de graduación al cielo, celebrando el fin de una etapa y el comienzo de otra.
Las chicas, con sus rostros radiantes de felicidad, corrieron hacia sus padres, abrazándolos con fuerz