Sebastián se encontraba en una habitación del hospital, rodeado de enfermeras y médicos que realizaban una revisión exhaustiva. Las luces fluorescentes iluminaban su rostro cansado, reflejando las sombras de las noches de incertidumbre y dolor. Un médico, tras examinar sus signos vitales, se volvió hacia sus colegas y declaró:
—Solo tiene una descompensación. Con unos días de reposo y buena hidratación, estará bien.
Sebastián, aún aturdido, miró a su alrededor con ojos llenos de ansiedad y deses