Sara, Angelo, Nancy y Pablo llegaron al hospital a toda prisa, sus rostros reflejaban la ansiedad y la preocupación que los embargaba. Apenas cruzaron las puertas de urgencias, una enfermera los dirigió hacia una pequeña sala de espera donde un oficial de policía los esperaba para informarles sobre el estado de Ava.
—¿Cómo está Ava? —preguntó Sara, sin poder ocultar el temblor en su voz.
—Ava Montenegro está estable —respondió el oficial, con un tono tranquilizador—. Fue tratada por algunos gol