Ava y Sebastián regresaron a su nueva casa, con Bastián corriendo a recibirlos en la entrada. El niño se lanzó a los brazos de sus padres, su cara iluminada por una sonrisa que reflejaba pura felicidad.
—¡Papá! ¡Mamá! —gritó Bastián, abrazándolos con fuerza.
Sebastián se agachó y lo levantó en sus brazos, sosteniéndolo con ternura.
—Te he extrañado mucho, campeón —dijo Sebastián, su voz temblorosa de emoción.
Martha, que había estado esperando en la puerta, quedó paralizada al ver a Sebastián.