—¡Papá! —el pequeño Bastián gritó con fuerza al notar la presencia de Omar.
Corrió con entusiasmo por el parque, su risa resonaba en el aire. Al ver a Omar, sus ojos se iluminaron y gritó con alegría: —¡Papá! —Corrió hacia él, sus pequeños brazos extendidos.
Omar se agachó para recibir al niño, pero al escuchar esa palabra, sintió un dolor punzante en el pecho. —Bastián. —dijo suavemente, lo levantó del suelo y lo abrazó con fuerza—. No soy tu papá, desearía ser ese padre que perdiste pero…per