Ava golpeó con su bastón el suelo pulido, un ritmo constante que coincidía con los latidos de su corazón. Se sentó en la oficina esterilizada, con el sillón de cuero fresco contra su piel, esperando que el médico regresara con noticias sobre la cirugía.
—Señora Montenegro. —dijo el Dr. Harris al entrar, su voz teñida de optimismo contenido. —Las pruebas parecen prometedoras. Creemos que podemos devolverle la vista.
—¿En verdad? —Los labios de Ava se curvaron en una sonrisa, imaginando ver el r