En la penumbra de la habitación, Alexandre se encontraba sentado en el borde de la cama, con la mirada fija en un punto inexistente en el suelo. El silencio a su alrededor era sofocante, roto únicamente por el leve crujir de la madera bajo sus pies.
Desde el momento en que abandonaron aquel almacén, donde su madre exhaló su último aliento en sus brazos, no había sido capaz de pronunciar una sola palabra. Su mente era un torbellino de recuerdos, imágenes y sensaciones que se repetían una y otra