Capítulo 102. El secreto de la madrugada.
Gabriel Uzcátegui.
La felicidad de llevar a Emma y a nuestro pequeño Sandro Gabriel a casa fue efímera. No porque no estuviera emocionado, sino porque la realidad de lidiar con un recién nacido golpeó con la fuerza de un huracán.
Sandro comía cada dos horas, sin importarle la hora del día, si no habíamos dormido en las últimas veinticuatro horas. Veía a Emma, intentaba mantenerse firme, pero estaba agotada.
Las primeras dos semanas fueron un torbellino de llantos, no solo del bebé, sino tamb