Epílogo. Un futuro brillante
Emma Uzcátegui.
Cinco años después de aquella Navidad que reunió a nuestra familia, la vida se había transformado en algo que ni Gabriel ni yo podríamos haber imaginado.
La casa estaba llena de risas, pequeños pies corriendo por todas partes y un caos hermoso que había aprendido a amar.
Sandro Emmanuel, nuestro pequeño explorador, ya tenía seis años. Era una mezcla perfecta de curiosidad y travesura.
Cada día encontraba algo nuevo que desmontar o investigar, siempre con preguntas que ponía