Capítulo 100. Milagro inesperado.
Gabriel Uzcátegui.
Todo pasó tan rápido que apenas podía procesarlo. Alcé a Emma en brazos mientras Sandra nos seguía, aferrando la mano de su mamá con una mezcla de curiosidad y miedo.
Emma jadeaba de dolor, pero me dedicó una mirada de confianza que me ancló en el momento. Mi mente era un torbellino, pero sabía que debía mantener la calma.
—¿Papá? ¿Está bien mi mamá?—preguntó Sandra, con los ojos enormes y llenos de incertidumbre.
Después de subir a Emma en el coche, y antes de ayudarla a el