El fresco de la noche impactó en su cara al salir del local. Tras demasiadas semanas encerrada en el Menfis sin poder respirar aire en libertad, lo habría agradecido si no hubiera estado tan asustada. Los primeros días, acostumbrada a vivir en el campo, no conseguía adaptarse al ambiente cerrado y pegajoso de ese burdel. Lamentablemente a todo se acostumbra uno y poco a poco, casi sin darse cuenta esa sensación se convirtió en el menor de sus problemas.
Esos problemas: ¿Se habían terminado? O