El coche enfiló la carretera estatal, en un silencioso e incómodo viaje, cada uno iba a lo suyo, la joven callaba mientras el parecía concentrado en la conducción. Débora recordó que aún tenía el dinero en el bolsillo, quizá si se lo devolvía, la dejaría ir, a lo mejor pasaban cerca de otro núcleo urbano:
.. – dijo depositando los billetes encima de la guantera – creo que esto es suyo.
-Olvídate del dinero – respondió el hombre con un gruñido acompañado por una más que evidente mueca de asco…