Cuánto melodrama en esa frase, pensó Jeremy evitando hacer cualquier gesto que lo delatara, pero la dejó en paz y se sentó en la cama a su lado, mientras ella seguía llorando. Tenía que reconocer un par de cosas: su esposa era llorona y sensible, y si no se andaba con cuidado, le haría pagar caro este desliz.
Ella ya le había dicho que había soñado con casarse enamorada, había querido todo el paquete, la felicidad, la belleza, la bondad y el bienestar, cosas que casi nunca venían juntas, y no h