Jeremy sintió su teléfono vibrar mientras iba en el auto hacia las oficinas, así que acomodó el manos libres para atender la llamada.
— ¿Ya vienes para la oficina? —preguntó la voz de Robert, y Jeremy asintió.
—Estoy saliendo apenas —dijo—. No me gusta nada la idea de dejar a Jennifer sola, pero…
—No está sola, está con dos gorilas que la sabrán cuidar—. Jeremy suspiró en silencio. Era difícil explicarle a su hermano el miedo que tenía. Perder a Jennifer era ahora su peor pesadilla, y lo peor e