El “para siempre” empezó para mí
En el momento mismo en que me enamoré
Desde entonces, y para siempre
Fui increíblemente feliz
Jennifer abrió lentamente sus ojos encontrándose con la imagen de su madre sentada muy cerca de su camilla y mirándola con preocupación.
Sonrió tratando de tranquilizarla, y movió su mano hacia ella, gesto que Lucile no rechazó, tomándola de inmediato y apretándola con suavidad.
— ¿Estás bien? —le preguntó—. ¿Te sientes bien? ¿Necesitas que te traiga algo?
—Estoy bien.