El trayecto en el Mustang negro se sintió como un descenso a los círculos del infierno. El motor rugía con una cadencia monótona y violenta, mientras el paisaje urbano de la ciudad —aquel que Cassy consideraba seguro y familiar— se desvanecía en favor de callejones industriales, muelles abandonados y edificios cuyas ventanas parecían ojos vacíos observándolos pasar. Dentro del habitáculo, el aire era tan espeso que Cassy sentía que podía cortarlo con los dedos. El silencio de Draven no era una