Es demasiado.
Tanto las niñas como Beatrice abren los ojos en grande al ver la inmensidad del Museo de Ciencias. Con las dos niñas en el medio, tomadas de la mano, y ambos mirándose cada cierto tiempo, el recorrido comienza de forma cálida.
La castaña ve la forma en que el hombre lleva una mochila pequeña en la espalda, carga a Valentina con una mano y abraza a Romina con la otra, y por un momento su corazón se oprime.
La decisión que ha tomado pesa cada día más, pero ahora el sentimiento se ha transformado, porque se ha ligado a su propia ilusión de que lo que están construyendo sea lo mejor que les pase en la vida del otro, despues de sus hijas, claro.
Volviendo a mirar entre el hombre y su hija, se eriza.
Si se parecen, es solo una inesperada coincidencia.
Disfrutan del acuario, del planetario, de la cúpula y las atracciones en 3D. Ella toma fotografías, queriendo guardar para siempre la felicidad reflejada en el rostro de su hija y Romina; mientras que Raúl solo toma un par de fotos, grabando c