Punto de vista Madison
No sabía cuántos días llevaba fuera de casa, y aunque el dolor emocional me estaba consumiendo, sabía que no regresaría.
Miraba la pantalla de mi laptop, justo en mi correo, donde había cientos de mensajes de Maximiliano rogándome que le diera la oportunidad de hablar. Uno tras otro, me explicaba que solo quería protegernos, que se había equivocado al gritarme, como siempre, y que esta vez prometía no volver a hacerlo. Pero Maximiliano era el hombre menos confiable a la