Punto de Vista Maximiliano
Las palabras de Mía trillaban en mi cabeza, su inocencia era mucho más grande que la maldad que podía emerger de mi corazón y del corazón de su propia madre, aunque era obvio que a Samantha , eso no le importaba, la muy maldita no se había vuelto a comunicar para preguntar por su hija, ni siquiera a negociar por su propia madre.
—Señor ¿Y entonces? ¿Qué vamos a hacer? —Sullivan me increpó al salir del cuarto de Mía.
—Hagan lo que tienen que hacer, en dos días quiero