El hospital siempre tenía el mismo olor.
Limpio.
Frío.
Demasiado silencioso para ser un lugar donde la vida y la muerte caminaban tan cerca.
Renata avanzó por el pasillo con pasos suaves, como si el simple sonido de sus tacones pudiera romper algo frágil en el ambiente.
Había ido muchas veces.
Demasiadas y aun así… nunca se acostumbraba.
Sostenía su bolso con una mano.
La otra… temblaba apenas.
No por miedo.
Sino por todo lo que cargaba dentro.
Al llegar frente a la habitación, se detuvo.
Respi