Si, me encanta.
La distancia entre ambos dejó de existir en el mismo instante en que Sebastian dio ese paso al frente, su mano se deslizó con firmeza hacia la nuca de Renata, atrapándola sin brusquedad pero sin permitirle escapar, sus dedos se hundieron levemente entre los mechones de su cabello, inclinando su rostro hacia él, y antes de que ella pudiera formular una sola palabra más, sus labios descendieron sobre los de ella con una intensidad que no pedía permiso, que no dudaba, que simplemente reclamaba.
E