El recuerdo tiene rostro.
La música era suave, envolvente, como un susurro que se filtraba directamente en su alma, Renata no sabía cómo había llegado allí, pero tampoco le importaba, porque por primera vez en mucho tiempo se sentía ligera, libre, como si todo el peso que había cargado durante años se hubiera desvanecido en aquel instante.
El lugar estaba iluminado por luces cálidas que danzaban en el aire como pequeñas estrellas atrapadas en un salón elegante, las paredes parecían desvanecerse entre sombras doradas y