Resiste un poco más.
Aquellas palabras golpearon a Claudia con una fuerza inesperada. Su respiración comenzó a agitarse mientras las lágrimas aparecían lentamente en sus ojos. Durante algunos segundos intentó responder, pero ninguna frase parecía suficiente para borrar la serenidad que irradiaba Renata. Finalmente apoyó ambas manos sobre la mesa y habló con una voz quebrada por la desesperación.
—No puedes dejar que todo esto continúe. Estoy esperando un hijo. Piensa en ese bebé. Él no tiene culpa de nada. No perm