El silencio que siguió a la confesión de Renata fue incómodo, esado, Antonio permanecía inmóvil frente a ella. Mientras la lluvia continuaba golpeando suavemente los ventanales de la cafetería. Las palabras de Renata todavía resonaban en su cabeza.
"Aun después de todo esto... no puedo odiarlo."
Aquello le había molestado más de lo que estaba dispuesto a admitir. Porque ella estaba llorando por Sebastian. No por él. Porque el hombre que ocupaba sus pensamientos era Sebastian.
No él.
Antonio