Los días comenzaron a avanzar con una precisión casi quirúrgica dentro de la vida de Renata, como si el tiempo hubiera decidido ordenarse por primera vez desde que todo había cambiado, habían pasado siete días desde aquella madrugada en el jardín, siete días en los que la rutina se había instalado con una firmeza inesperada, pero no era una rutina vacía, era exigente, absorbente, intensa, y en medio de todo eso, ella y Sebastian parecían haberse acomodado en un equilibrio extraño que ninguno de